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Cuándo remodelar una propiedad antes de vender

No siempre conviene remodelar antes de vender. Aprende cuándo invertir en mejoras y cuándo es mejor comercializar el potencial de una propiedad.

Aracely Cretier

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Vegetación crecida junto a una construcción antigua que necesita actualización

Cuando una propiedad necesita arreglos, una de las primeras preguntas que suele aparecer es bastante lógica: ¿conviene invertir antes de vender para conseguir un mejor precio? A veces sí. Pero no siempre.

Hay propiedades en las que una buena pintura, mayor luminosidad, reparaciones menores y una presentación más cuidada pueden mejorar significativamente la experiencia del comprador y ayudar a competir mejor en el mercado. Sin embargo, existen otras donde invertir una suma importante en remodelaciones puede terminar siendo un gasto difícil de recuperar.

La diferencia está en comprender qué se está vendiendo y quién podría querer comprarlo.

Una propiedad no necesariamente vale más porque tenga una cocina recién instalada, un baño completamente renovado o terminaciones nuevas. Para determinados compradores esos cambios pueden ser atractivos; para otros, pueden tener muy poco valor porque su intención desde el comienzo es transformar completamente el espacio.

Hay compradores que no buscan una propiedad terminada

No todas las personas que visitan una casa o un departamento están buscando llegar con las maletas y comenzar a vivir inmediatamente. Hay quienes buscan precisamente lo contrario.

Quieren una propiedad antigua con posibilidades de remodelación, una casa con un terreno interesante, un departamento cuya distribución pueda modificarse o un inmueble ubicado en una zona donde el potencial futuro tiene más importancia que sus terminaciones actuales.

También están los inversionistas, que suelen observar la propiedad desde otra perspectiva. Pueden mirar cuánto cuesta adquirirla, cuánto necesitarán invertir después, qué valor podría alcanzar una vez remodelada o qué renta podría generar. Para ellos, una cocina de moda o un baño nuevo no necesariamente justifican pagar considerablemente más por el inmueble.

Incluso puede ocurrir algo bastante frustrante para el propietario: invertir dinero en una remodelación y descubrir después que el comprador quiere retirar exactamente aquello que se acaba de instalar.

El gusto personal no siempre agrega valor comercial

Uno de los riesgos de remodelar antes de vender es hacerlo desde los gustos del propietario actual. Elegir cerámicas, muebles, colores, cubiertas o terminaciones puede parecer una inversión objetiva, pero muchas de esas decisiones son profundamente personales.

Lo que para una persona es una cocina moderna, para otra puede ser algo que quiere cambiar el primer día. Lo mismo ocurre con un baño, un piso o incluso con la distribución de algunos espacios.

Por eso, cuando la intención es vender, conviene distinguir entre mejorar la propiedad y personalizarla nuevamente. No son lo mismo.

Hay intervenciones que suelen mejorar transversalmente la percepción: reparar algo que está dañado, solucionar una falla evidente, recuperar luminosidad, ordenar los espacios o mantener correctamente los exteriores. Y existen otras que tienen un componente estético mucho mayor y cuyo costo no necesariamente se refleja después en el precio que el mercado está dispuesto a pagar.

A veces el valor está en algo que no se puede remodelar

Una cocina puede cambiarse. Un baño también. La pintura se puede renovar y los pisos pueden reemplazarse. Pero hay atributos de una propiedad que son mucho más difíciles —o directamente imposibles— de modificar.

La ubicación es uno de ellos. También lo son, en gran medida, la orientación, el terreno, el tamaño, la relación con el barrio, la conectividad, ciertas vistas y algunas características estructurales.

Cuando una propiedad tiene atributos fuertes de ese tipo, puede ser perfectamente razonable comercializarla destacando su potencial en lugar de intentar convertirla artificialmente en una propiedad terminada. Una casa antigua en un buen terreno puede ser muy atractiva para alguien que quiere diseñar un nuevo proyecto. Un departamento que requiere actualización puede seguir siendo interesante si tiene buen metraje, una distribución adaptable y una ubicación difícil de encontrar.

Una propiedad para remodelar igual debe presentarse bien

Que una propiedad necesite renovación no significa que deba mostrarse descuidada. Hay una enorme distancia entre una casa antigua que necesita modernización y una casa que transmite abandono.

Aunque el comprador tenga decidido remodelar, necesita poder recorrer los espacios, entender las proporciones, mirar la estructura y apreciar aquello que sí tiene valor. Por eso la limpieza sigue siendo importante. También lo son el orden, la iluminación y la posibilidad de circular cómodamente por los ambientes.

Si existe jardín, debería mantenerse limpio y despejado. El pasto, las hojas acumuladas, la maleza o una terraza completamente abandonada pueden impedir que alguien comprenda el potencial real del exterior. Lo mismo ocurre con una piscina: incluso cuando el comprador sabe que la propiedad requiere inversión, una piscina llena de hojas o con agua turbia no comunica oportunidad de remodelación; comunica falta de mantención.

El comprador hará sus propios cálculos

Cuando una persona visita un inmueble para remodelar, muchas veces empieza a calcular cuánto debería invertir en cocina, qué haría con los baños, si podría abrir determinado espacio, cuánto costaría renovar pisos, qué conservaría y qué retiraría.

Por eso, si el propietario invierte previamente una suma elevada, hay una pregunta que conviene hacerse: ¿el mercado reconocerá realmente ese gasto en el precio final? Invertir cinco millones no significa automáticamente que la propiedad pueda venderse cinco millones más cara. El mercado no valoriza una propiedad sumando simplemente el costo de todas las mejoras que alguna vez se realizaron en ella. Valora el resultado completo y lo compara con las alternativas disponibles.

Remodelar también consume tiempo

Existe otro costo que a veces se subestima: el tiempo. Una remodelación puede tomar semanas o meses. Puede requerir presupuestos, coordinación de maestros, compra de materiales, supervisión y la aparición inevitable de imprevistos.

Si la intención del propietario es vender pronto, esa espera también tiene un costo. Puede haber contribuciones, gastos comunes, dividendos, mantenciones o simplemente una necesidad personal de disponer de los recursos de la venta. Por eso la decisión no debería evaluarse únicamente preguntando cuánto podría aumentar el precio. También habría que preguntarse cuánto cuesta esperar para intentar conseguirlo.

Antes de gastar, hay que definir la estrategia

Mostrar una propiedad como oportunidad de remodelación no significa resignarse automáticamente a cualquier precio. Una propiedad antigua puede seguir teniendo un valor considerable. La estrategia debe separar aquello que necesita inversión de aquello que constituye un atributo real del inmueble.

En una propiedad para remodelar, el desafío está en evitar los dos extremos: sobrevalorarla como si estuviera completamente renovada o castigarla tanto que se pierda de vista todo lo que sí tiene valor.

La recomendación depende del mercado al que vamos a salir: una familia que quiera instalarse rápidamente, un comprador que desea remodelar a su gusto, un inversionista o alguien interesado principalmente en el terreno. Tal vez convenga pintar y reparar algunos detalles. Tal vez sea suficiente con limpiar profundamente, iluminar, ordenar y mejorar los exteriores. O quizás exista una remodelación puntual que tenga muchísimo sentido.

No todas las propiedades necesitan llegar perfectas al mercado

Existe cierta idea de que, antes de vender, una propiedad debería quedar impecable. No comparto esa regla como algo absoluto. Una propiedad debe llegar al mercado bien presentada y con una estrategia coherente. Eso es distinto.

En algunos casos, bien presentada significará recién pintada, luminosa y lista para habitar. En otros significará limpia, ordenada, correctamente mantenida y suficientemente despejada para que el comprador pueda imaginar su transformación.

La decisión correcta no depende de cuánto podamos remodelar. Depende de cuánto sentido tenga hacerlo. Porque preparar una propiedad para vender no consiste en gastar todo lo posible antes de publicarla. Consiste en saber dónde una inversión puede agregar valor y dónde el verdadero valor ya está en el potencial que otro comprador será capaz de ver.

Preparar una propiedad para vender no consiste en gastar todo lo posible antes de publicarla. Consiste en saber dónde una inversión puede agregar valor.

¿Necesitas tomar una decisión sobre tu propiedad?

Cada caso requiere un análisis distinto. Conversemos sobre tu propiedad, tus objetivos y la estrategia más adecuada para avanzar.

Preparar mi propiedad para vender

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